INTRODUCCIÓN
En un mundo en profunda y constante mutación, tanto las organizaciones como las personas se ven situadas frente al desafío del cambio continuo.
El cambio organizacional y la transformación personal son dominios en creciente interdependencia y ambos requieren de la capacidad de aprendizaje como el instrumento idóneo para el logro de dichos procesos. Es en este contexto que el coaching adquiere relevancia, como una disciplina que facilita los procesos de aprendizaje y cambio.
El rol del coach se dimensiona al comprender que la capacidad de desempeño y aprendizaje de los individuos no es lineal ni continua, sino que muchas veces se enfrenta a barreras invisibles que dificultan la capacidad de acción e impiden el desarrollo de las personas.
El coach es una persona entrenada para detectar estas áreas de dificultad que traban el crecimiento o dificultan el desempeño. Su rol es acompañar y facilitar el desarrollo de las potencialidades de los individuos y los equipos, ayudando a superar las trabas que limitan su accionar y obstaculizan la concreción de sus objetivos. Podemos definir al coach como un facilitador del desarrollo personal.
En ámbitos organizacionales el coaching se afianza como una poderosa herramienta que potencia el liderazgo, facilita el desempeño y acompaña procesos de capacitación y desarrollo.
Las nuevas tendencias sobre gestión empresarial coinciden en que los gerentes y todos aquellos que conducen equipos de trabajo, deben poseer las competencias del coach. Esto deviene del profundo cambio en las formas de organizar y gestionar el trabajo, que implican un nuevo estilo de conducción organizacional que va del tradicional gerente/capataz a la figura del líder/coach, cuya misión es la conducción y el desarrollo de las personas y su objetivo la obtención de los más altos niveles de desempeño.
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